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lunes, 1 de abril de 2013

De enseñar y comunicar



Marco Silva, en su interesante y compleja Educación interactiva (2005), deja una sentencia que, a mi parecer, explica a grandes rasgos, la función docente hoy en día:

El profesor no transmite ya el conocimiento, sino que facilita el acceso a dominios de conocimiento de modo expresivamente complejo y al mismo tiempo, a un entorno que garantiza la libertad y la pluralidad de las expresiones individuales y colectivas. (p.236)
Me parece interesante destacar varios aspectos de dicha cita. En primer lugar la negación del verbo transmitir, en tanto que la educación no debe construirse en torno a estructuras jerárquicas, en las cuales el docente sea "el que sabe" y el discente "el que no sabe". El docente no dispone del conocimiento absoluto, ni de la única verdad. Estos conceptos no existen.

Ahora, el docente "facilita" al alumnado los caminos para alcanzar su propio conocimiento. No los recorre por ellos. Previene de los callejones sin salida, señala las autovías, recomienda hermosas carreteras secundarias menos transitadas, pero igual de válidas.

Y todo ello lo hace comunicándose. Rompiendo con las prácticas/teorías que equiparan semánticamente informar y comunicar. No transmite, no informa en el sentido bancario de Freire. Si dialoga, si se comunica (y al hacerlo informa y se informa). Y por ello necesita (y fomenta) que existan alumn@s dispuestos a tener voz, dispuestos a ser comunicadores. Dispuestos a crear su propio conocimiento. Dispuestos a construir su propia ruta, a través de caminos diversos, en trayectos individuales y colectivos. Dispuestos a ser críticos con los caminos que otros pretenden diseñar para ell@s. Dispuestos a recibir información, pero con la suficiente capacidad para saber utilizarla, editarla, extenderla, reenviarla o rechazarla.

Un docente que se comunica y por tanto no impone. Se comunica y por tanto expone. Se comunica y por tanto dispone, para si y para otros, de un espacio para comunicarse. Para crear opiniones, para debatir y rebatir. Un espacio en el que tod@s sientan que pueden auto y hetero construirse.

Un espacio comunicativo en el cual estén presentes el conocimiento y los valores, y véase que utilizo tanto artículos como sustantivos en minúscula, como nombre común, a diferencia de las pretensiones restrictivas que subyacen en muchas prácticas (y leyes) educativas.

jueves, 28 de marzo de 2013

Ética de la tolerancia

El aula reproduce las condiciones que se dan, a nivel macro, en la sociedad. En ella por tanto, conviven personas con diferentes condicionantes exógenos y endógenos. Como docentes, debemos crear un ambiente positivo, fomentando que todos nuestros alumn@s quieran/puedan comunicarse con otros, con independencia de si sus opiniones o intereses difieren de los de sus interlocutores. 

Hoy en día, esto no es fácil, en tanto que estamos acostumbrados a modos de socialización basados en las lecciones-modelo, que nacen de las grandes narrativas que sustentan/son sustentadas por el poder. Escuchar a otra persona decir algo que vaya contra lo "socialmente aceptado" provoca en nosotros un sentimiento de rechazo. Reducimos automáticamente nuestra capacidad de análisis, dejándonos llevar por estructuras de pensamiento que otros "ingresaron" en nosotros.


No estamos acostumbrados a la confrontación de opiniones. Ni siquiera a la creación de éstas. Por eso, es fundamental que fomentemos la comunicación en el aula. De este modo, nuestro alumnado aprenderá a ser también emisor, a ser también creador de su propia opinión. Solo así, aprenderá a valorar lo que otros dicen, tras un análisis cognitivo-emocional complejo. 

 


Al respecto, Edgar Morin, formuló tres principios para construir colectivamente una "ética de la tolerancia" que, en este caso, podemos construir en nuestras aulas:


    1. Libertad de expresión. De todos, aún cuando no estemos de acuerdo con sus propuestas, deben poder ser expresadas.
    2. Institución democrática. Solo así se alienta a la diversidad y conflicto de ideas. En base a una mayoría, que ha de respetar siempre a las minorias.
    3. No existe una única verdad. Lo contrario a lo que uno opina no es un error, sino una verdad diferente, opuesta.

    Pero dichos principios, no se imponen, no se dictan, no se convierten en leyes teóricas. Dichos principios nacen del ejemplo, del uso, de la acción comunicativa, democrática e interactiva.