jueves, 28 de marzo de 2013

Ética de la tolerancia

El aula reproduce las condiciones que se dan, a nivel macro, en la sociedad. En ella por tanto, conviven personas con diferentes condicionantes exógenos y endógenos. Como docentes, debemos crear un ambiente positivo, fomentando que todos nuestros alumn@s quieran/puedan comunicarse con otros, con independencia de si sus opiniones o intereses difieren de los de sus interlocutores. 

Hoy en día, esto no es fácil, en tanto que estamos acostumbrados a modos de socialización basados en las lecciones-modelo, que nacen de las grandes narrativas que sustentan/son sustentadas por el poder. Escuchar a otra persona decir algo que vaya contra lo "socialmente aceptado" provoca en nosotros un sentimiento de rechazo. Reducimos automáticamente nuestra capacidad de análisis, dejándonos llevar por estructuras de pensamiento que otros "ingresaron" en nosotros.


No estamos acostumbrados a la confrontación de opiniones. Ni siquiera a la creación de éstas. Por eso, es fundamental que fomentemos la comunicación en el aula. De este modo, nuestro alumnado aprenderá a ser también emisor, a ser también creador de su propia opinión. Solo así, aprenderá a valorar lo que otros dicen, tras un análisis cognitivo-emocional complejo. 

 


Al respecto, Edgar Morin, formuló tres principios para construir colectivamente una "ética de la tolerancia" que, en este caso, podemos construir en nuestras aulas:


    1. Libertad de expresión. De todos, aún cuando no estemos de acuerdo con sus propuestas, deben poder ser expresadas.
    2. Institución democrática. Solo así se alienta a la diversidad y conflicto de ideas. En base a una mayoría, que ha de respetar siempre a las minorias.
    3. No existe una única verdad. Lo contrario a lo que uno opina no es un error, sino una verdad diferente, opuesta.

    Pero dichos principios, no se imponen, no se dictan, no se convierten en leyes teóricas. Dichos principios nacen del ejemplo, del uso, de la acción comunicativa, democrática e interactiva.